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Diplomacia económica

Paraguay, pequeño país de 7.4 millones de habitantes situado en América meridional, es la única geografía del subcontinente americano sin acceso al mar, junto con Bolivia. Desde el año 2000 al 2019, el PIB de Paraguay ha crecido a una media de 4,3 % por año, más que el doble respecto a aquella regional, logrando reducir la cuota de población bajo la línea de la pobreza relativa, del 58 % en el 2002 al 23% en el 2019. Este rendimiento es notable, teniendo en cuenta que, en el mismo periodo, el crecimiento de los países vecinos Brasil y Argentina (respectivamente primer y segundo socio comercial) ha sido fluctuante. No obstante, la volatilidad de las tasas de crecimiento del Paraguay se mantiene elevada, considerando la exposición al shock de la producción agrícola (impacto del 10 % sobre el PIB, el doble respecto a la media regional), y a los spillover de la coyuntura en Argentina y Brasil. Luego de un 2019 con crecimiento negativo (-0,4 % respecto al 2018), a causa de la sequía que había dañado considerablemente las producciones agrícola e hidroeléctrica, el Fondo Monetario Internacional había proyectado la recuperación del crecimiento al 4 % para el año 2020 y los indicadores cíclicos de inicio de año estaban confirmando estas previsiones, pero el impacto del Covid-19 alteró el panorama y el PIB sufrió una disminución del 0,8 % en el 2020 (aunque notablemente inferior a la media regional), con una recuperación del 4,1 % diferida al 2021. En el 2022, la desaceleración fue de nuevo clara (+0,2 %) a causa de la sequía y de las olas de calor que influenciaron la producción agrícola, pero para el 2023 está prevista una nueva recuperación (+4.3 %).

Alargando el espectro de observación, según el Fondo Monetario International (FMI), los brillantes resultados de crecimiento del Paraguay en el curso de los últimos lustros fueron fruto de tres factores principales: i) la recuperación de la crisis que había golpeado al país en los años ’90 y del crecimiento en las dos décadas precedentes; ii) un ambiente externo favorable, en particular respecto al boom en los precios de los commodity (Paraguay está hoy entre los primeros diez exportadores de soja y de carne bovina); iii) el aumento de la estabilidad macroeconómica gracias a políticas responsables en materia fiscal y monetaria.

Para reducir la volatilidad típica de las producciones agrícolas por razones climáticas y de demanda global, para el Paraguay es esencial no solamente diversificar desde el punto de vista geográfico la destinación de los productos sino también proceder con el desarrollo del sector productivo: el país desea desarrollar el sector manufacturero, aprovechando las ventajas de costo (y fiscales) respecto a los países vecinos; en el curso de los últimos años, empresas brasileras o argentinas han abierto algunos establecimientos productivos en el país, creando cadenas regionales de valor, aunque la cuota de exportación de los sectores no-energético y no-agricultural permanecen bajas (10 % del total).

La política monetaria del país ha sufrido una importante variación a partir del 2011, con la introducción del régimen inflation targeting: los resultados fueron positivos hasta el 2021, con tasas de inflación de un dígito, menos volátiles respecto al pasado y casi siempre dentro de la franja fijada por el Banco Central, comprendida entre el 2 % y el 6 %. Entre marzo y junio del 2020, la tasa referencial ha sido progresivamente reducida, pasando del 4 % al 0,75 % para sostener la demanda de corto plazo, considerados los impactos del Covid-19 y buscando que la inflación se acerque al target del 4 %.  Desde la segunda mitad del año 2021 y en el 2022, el Paraguay no ha estado exento de la importante inflación mundial, y el índice medio de crecimiento de los precios fueron, respectivamente, del 4,8 % y 9,5 %. En el 2023, la inflación debería retornar a niveles dentro del rango previsto, en parte por la reducción de la presión externa y en parte gracias a los constantes aumentos de parte del Banco Central, que ha aumentado progresivamente la tasa referencial hasta el 8,5 % en octubre de 2022. Gracias a la progresiva reducción de la inflación mensual, el ciclo se ha interrumpido y ya desde el 2023 podría comenzar la inversión.

Por último, la calificación sobre el mérito de crédito de Paraguay de parte de las principales agencias es BB para S&P, Ba1 para Moody’s y BB+ para Fitch. Para S&P y Fitch, el outlook es estable mientras Moody’s lo considera estable a positivo, en julio de 2022, acompañada de un positivo track record de crecimiento conseguido dentro de políticas fiscales prudentes y de reformas estructurales que mejoraron la calidad de las instituciones y la gobernabilidad. La conquista de la calificación investment grade por parte de Paraguay no debe excluirse en el término medio.